Entendiendo el defecto visual que empaña los contornos y detalles
El astigmatismo es un trastorno de la visión (ametropía) muy común que causa una visión borrosa o distorsionada. Esto ocurre porque la superficie del ojo (córnea) o el cristalino tienen una curvatura irregular. En un ojo con astigmatismo, las imágenes no se enfocan correctamente en la retina, lo que hace que los objetos se vean poco definidos a cualquier distancia.
Es muy frecuente y suele presentarse junto a otros defectos visuales como la miopía o la hipermetropía.

Dependiendo de la estructura del ojo que cause la distorsión, distinguimos entre:
Un astigmatismo no corregido obliga al ojo a realizar un esfuerzo constante de enfoque (acomodación). Los síntomas más habituales incluyen:
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Nota: Si no se trata, puede provocar dolores de cabeza frecuentes, fatiga ocular (especialmente frente al ordenador) y cansancio al leer.
¿Por qué sucede? En un ojo con forma perfecta, la córnea es redonda como una pelota de baloncesto. En el astigmatismo, la forma es más parecida a una pelota de rugby.
Esta irregularidad impide que la luz converja en un solo punto de la retina, dispersándola y creando el efecto de desenfoque. Aunque suele ser congénito (presente desde el nacimiento), también puede deberse a:
Las revisiones periódicas son esenciales, especialmente en niños, para evitar problemas como el ojo vago (ambliopía). Las pruebas principales incluyen:
Hoy en día, el astigmatismo se puede corregir eficazmente de varias maneras:
Las gafas con lentes cilíndricas o tóricas y las lentes de contacto son las soluciones más frecuentes. Compensan la irregularidad para que la luz se enfoque correctamente en la retina.
Técnicas como el LASIK permiten moldear la córnea. Es una solución eficaz que requiere una valoración médica previa para determinar si el paciente es apto.